Hasta Rayar
Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta rayar el alba.

Dic
08

No hay nada como sentirte en paz con Dios. Nada comparable a descubrir la intensidad de Su misericordia y de Su preocupación en la totalidad de tu persona. Cuando percibes que eres amado por Quien dispone todas las cosas, el que es Inmutable, Soberano, el Eterno… adviertes la grandeza de lo que significa estar vivo.

Es cierto que esa relación arroja ríos de incomprensión por el descomunal contraste, entre todo lo que viene de Dios -todo ello sublime y excelso -, con lo que puede venir de un ser ordinario y de alguien demasiado consciente de sus limitaciones. Pero si te atreves a aceptar su invitación, adviertes que en medio de esos ríos de raudales aguas, hay un lugar resguardado, provisto por Él para contemplar sin peligro su exorbitante belleza salvaje, su majestuosidad embravecida.

Dic
07

Prepárame para la batalla, dame conciencia que es ardua e incesante. No me dejarán descansar, me despertarán de madrugada y destruirán lo que creía una fortaleza. Ayúdame a ver que no son solo ruinas lo que he dejado, permíteme vislumbrar que la sabiduría no ha sido dinamitada, que el coraje no ha sido reducido a cenizas, que el espíritu ahora ha cobrado un vigoroso impulso aún cuando solo me veo herido y desnudo.

Tu Espíritu ondoneará la bandera y me infundirá valor, multiplicarás mis fuerzas y la batalla será ganada a tu manera. Déjame solo recordar como venciste, como aplastaste a lo que me asedia llevando la deshonra de mis lamentos.

Dic
06

Cuando creía que aquellos viejos lastres siempre me acompañarían, me despojé de todo el peso que me asediaba. Pude levantar mi mirada del suelo e ir en pos de ese horizonte iluminado por el albor de un nuevo día.

Dic
04

El sabor amargo de la derrota todavía perduraba… No sabía que era de mi espíritu, mi alma sé bien como estaba: abatida; y mi cuerpo, consecuentemente cansado.

Pero por fin imploré: “Dios, ten misericordia de este ser caído. Con la cabeza gacha pero todavía levantando una mano para implorar tu ayuda.

Sáname, renuévame y te miraré…y contemplaré tu Santidad, y no permitas que deje de mirarte.”

Dic
02

¿Cómo no iba a desistir? ¿Cómo podía tener aún esperanzas? Me contemplaba en medio de la derrota, disfrazando mi abatimiento, maquillando mi desolación. Sin determinación, confinado a la dirección del viento, me veía envuelto en torbellinos contra los que luchar era estúpido.

Nov
30

Había llegado a perder mi sentido fatalista, solo verlo aparecer, le arrojaba mi perro de presa mejor adiestrado: el sarcasmo. Su mordacidad solo lo dejaba mortecino. Por suerte, aún le quedaban fuerzas de emerger para cuando la noche estuviera calmada, solitaria… y como en un susurro, como en una suave brisa, emitía su denuncia apagada en medio del sueño. Por momentos, podía enmudecer esa leve señal, se lograba con un simple giro de pensamiento, pero la esencia de su denuncia no podría acallarla al más pomposo de los tribunales por la más vehemente absolución.

En momentos de conciencia, esto es, de control y de gobierno, había solicitado ese inmerecido rescate, las fuerzas de intervención especial, en verdad acudían de inmediato, e incluso, restauraban el daño. Pero nunca era capaz de que se quedasen, que se instalasen, que habitasen en mi presencia como se suponía que habían de hacer. En verdad no les culpo, ¡ay de mí si no fuera por ellas!, el desastre se hubiera consumado, en las manos de no sé qué tiranos hubiera quedado, a merced de los caprichos de la vanagloria de un déspota engreído. Ellas en verdad era agentes del orden en mi vida.

Pero el hecho es que me abandonaban, quizás adviertían que las ignoraba. Porque en verdad las ignoraba, desatendiéndolas hasta el punto que ni siquiera advertía que ya se habían marchado.

Nov
28

Podía machacarme implacablemente, sabía como describirme en términos patéticos, rodearlo de vocablos que traslucieran mi falsedad y teñirlo todo subrayando la pobreza y debilidad de mi carácter por no hablar de cobardía. Y todo ello sintetizaba verazmente el deplorable estado de mi espíritu.

Pero sabía, y alguna experiencia tenía en eso, que estas acusaciones no me despertaban, en lugar de tomarlas como un reto, las adornaba literariamente y proseguía mi camino. Y mi camino era fácil y lisonjero, y solo cuando me percataba que cada vez estaba más lejos de donde quería ir, me invadía la angustia por un instante, siempre alguna distracción inmediata  desplazaba la angustia, así que tan solo me sugería que después de todo no había visto otro camino.

Nov
28

Y por fin llegó. Convencido que podía acercarse el sosiego de un alma aturdida. Ví como no tenía que lamentarme continuamente, y ya cuando se dejaban de oír aquellos distantes y espaciados disparos, aquel misil irrumpió atrozmente socavando los ánimos, su estruendo me dejó otra vez en la inconciencia, el dolor y la miseria

Nov
26

Aquella larga etapa oscura no cesaba. Se prolongaba bajo ese horizonte sombrío. Pero no me despertaba temor, apretaba el acelerador y miraba impasible los relámpagos de alrededor.

Su clamor de justicia no me hacía estremecer, renunciaba a percibir la realidad de su fulgor, declinaba la advertencia de su estrépito, su tenebroso aspecto no me impresionaba.

Porque mi exiguo saber convenía que después de la tormenta tenía que venir la calma…

Nov
25

Tal vez necesitara de un gran estruendo para despertar, un impacto que me asustase y me conmoviera, algo, no sé que, que disipara el encantamiento, aquel que adormece y paraliza, que pone obstáculos a la iniciativa, que acusa y critica con una insistencia que hastía. Éste, solo se aplaca cuando vuelves a la mera contemplación. Solo contento, cuando te tiene como espectador, te pondrá mil pretextos en dejarte inscribir y participar en el torneo. Señala sus requisitos con formalidad, apunta tus defectos con vehemencia.

Así las cosas, perpetuar el interés era una actitud que se me antojaba inalcanzable. Había perdido el rumbo e iba a la deriva, pero lo peor es que quedaba distraído por cada una de las olas y aún disfrutaba de su refrescante balanceo.