En cualquier aspecto que se me ocurra evaluarla me resulta enormemente deficitaria.
Sean cual sean los términos de la ponderación requerida no obtengo más que la adquisición de una costumbre heredada, un protocolo de ámbito cotidiano. En el sentido más negativo de mi mismo que arrojo deliberadamente podría decir que es una obligación cansina que he de reiterar al iniciar en cada comida que pase de unas ciertas calorías y que además le exige a mi mente un último esfuerzo antes de darle el descanso nocturno. Si pasas esta primera prueba y te atreves a expresarla en público has de saber estar teológicamente correcto con una retórica acorde al contexto y que, por si fuera poco, no ha se sonar repetitiva, para eso están los himnos!
Sé que el cinismo obedece a un fracaso evidente, los contínuos achaques han dejado una huella de exasperación patente: en términos de tiempo dedicado parecí confundirla con una contrareloj, en términos de regularidad y constancia tan solo obtendría el diploma de buenas intenciones, en términos de profundidad e intensidad no he optado por el tan ansiado premio de consolación. Acometer esta carrera como una competición han socavado mis ideales al respecto. Al subir las cimas se ha hecho doblemente duro estar solo, no escuchar los consejos del entrenador, no seguir la estela de Aquél que ya ha dejado el camino expedito.
Pero llevo lo suficiente como para poder mirar atrás, y, aunque me cueste recordarlo, no todo lo recorrido ha sido estéril: cuando he contemplado Su Majestad, cuando me he percatado de Su Santidad, cayendo de mi envanecimiento, he visto que era sostenido por Su misericordia. Es entonces que siendo elevado por Su Poder aprecié mi errático camino…
Yo también conozco a un hombre en Cristo, y aunque hace más de catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; o si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) que fue arrebatado hasta algun lugar menor del tercer cielo…
Quizás Dios no quiera ser muy proclive al teletransporte, no pido tanto… solo puedo decir que me he sentido realmente vivo cuando he orado fervientemente, cuando las lágrimas han surgido y de entrar arrastrándome he experimentado Su gracia inconmensurable, su estímulo incomporable… Pero aún estas ocasiones, se me antojaban escasas, y el recelo de tales experiencias aparecía, el temor ha ser gobernado por sentimientos asomaba. La necesidad del equilibrio era reclamada. ¡Cuánto tengo que aprender!: Psicología de la oración.