Hasta Rayar
Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta rayar el alba.

¿Crisis? ¿Qué crisis?

“¿Crisis? ¿Qué crisis?” Alguien recordaría que Supertramp es el grupo preferido de un mandatario, confinados coperos y panaderos, las sospechas hacían levantar las cejas de los remendones,  pero ¿qué más da?: Superados aquellos tramperos tiempos de contemplaciones desoladoras con gafas de sol, los nuestros progresaron hasta el trance y continuado. Ilusionismos caducos dieron paso a eufemismos gobernantes: y, tras eludir el vocablo que parecía invocar al diablo, otros términos fueron utilizados: desaceleración, reajuste, o enfriamiento fueron difundidos tras el forro de una holgada americana que ofertaba todo el abanico de filtros en cristales gamados mientras el refranero era puesto al día: “Escoja el color y mire a su alrededor aunque advierta que este mundo es traidor.”

Pero los filtros no servían de mucho cuando las luces languidecían: porque mientras el fulgor inmobiliario decaía, las turbulentas nubes -y los precios a su altura- ensombrecían el panorama alimentario. Pero fueron las altas tensiones del foco energético las que hicieron saltar las chispas. Aunque el apagón total se produjo cuando el proyector financiero caía en su propio descrédito y al fin, el monstruo de la recesión despertaba de las tinieblas…

¡Qué viene el coco!, los medios intrigantes advertían: ¡Y ahora te toca descargarte la versión más actualizada anti-crisis, antes de que afecte a tu sistema! ¡Con la nueva release tu realidad virtual te permitirá desde ensanchar raquíticas vacas hasta recolorear mustias espigas! Vive tu propia aventura gráfica recluyendo a tu agraciado mayordomo en un faraónico site para que juegue a cartas con el copero más afamado  y el panadero más chusquero (mientras duda si debería echárselas): ¿qué fue del interpretador de sueños?

Pon atención a visionarios economistas (reputados a la sazón) que trazan el futuro -aunque sea porcentual- de carácter vacilante según la oscilación de un barril sin sujeción. O toma partido por los sátrapas de turno -o pretendientes a la espera del siguiente- subidos al estrado porque el fundamento de la construcción se encuentra anegado. Todavía esgrimen su varita hacia la chistera importada mientras sus analistas indagan en el interior de esa chistera, la aparición de la coyuntura apropiada: “el conejo de la suerte al fin saldrá y las zanahorias se comerá”.

Ten confianza, cada agente colocará su granito de ingrediente de la receta secreta, el horno central de los quince calentará al interés pertinente y el producto interior de más de ocho subirá como el bizcocho. Mientras tanto, abstente de tu porción, aunque lo aludas en tu café con cansina indolencia, acabarás recurriendo al tópico de la película más sabida: el asesino es el mayordomo.

¿Es sospechoso el mayordomo de acometer el consumo y depreciar la financiación? Hay cierta historia en la Biblia de un mayordomo que se pasó en su consumición y rebajó la deuda ajena. No es la historia de José, el mayordomo fiel, quizás sea la tuya o la mía, porque dudo que la sea del españolito de a pie. Se trata de la parábola del mayordomo infiel.

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