Hasta Rayar
Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta rayar el alba.

La deshonrosa venganza por la deshonra de Dina

Ataviada para la ocasión, salió la joven de la precaria cabaña en búsqueda de desahogo.

El padre la vio marchar con paso decidido, preguntándose si la firmeza de su andar lo había propiciado él mismo con sus objeciones. Un padre al cual un sentimiento de impotencia lo embargaba, máxime, al estar lisiado. Padecía cojera desde el día que luchó: la lucha en la que venció por no dejar salir a su adversario.

Pero ella sólo quería salir para tomar el camino que dejara atrás los polvorientos campos, ni que fuera por unas horas, bajo ese cielo que creía que se empeñaba en mantenerla olvidada.

Por fin, la joven llegó donde se encontraban las hijas de la tierra, allí podía sentir que no era excluida, especialmente cuando saboreaba su atracción cautivadora y disfrutaba al desairar todo surtido de piropos, empezando por el del mismísimo príncipe. Ella podía percibir que estaba en el centro del universo pues todos les demás cuerpos giraban ahora alrededor suyo. Atracción fatal la del príncipe que no supo quitarle ojo, porque tras el ojo vino la mano, y tras la mano todo lo demás.

Fluido de lágrimas para la joven, demasiado tarde para retornar por el camino de la libertad, el príncipe de ese mundo la había llevado por un callejón sin salida y no le había dejado marchar sin que pagase el alto peaje de satisfacer sus apetencias.

Sí, el sexo no fue consentido, y aunque el amor llegó después, no logró borrar el estigma perpetrado bajo el ofuscamiento.

Decir que la joven había repartido ingenuidad y seducción por igual, es propio solo de una visión machista, la del príncipe o la nuestra.

Hasta aquí la desdichada historia, ahora viene lo peor: cuando el maltratador se enamora de la joven y le llega al corazón…

Y como prueba de afecto (o de idiotez, según se mire), sinvergüenza se presenta ante el desolado padre de la joven. Eso sí, nuestro valiente príncipe trae consigo también a su propio padre, el cuál sí había obtenido el master en “negociaciones no forzadas”, así que con su mejor talante, pronunció un demagógico discurso de tolerancia y cohesión social, ya que también tenía un postgrado en “promesas electorales”, pero evitó referirse a lo ocurrido siquiera como hilillos de plastilina.

¿Y qué respondería el padre de la joven ante las propuestas filantrópicas de los honorables pelotas? Lo que sucedió fue, que antes que éste pudiera decidir su beneplácito, fue el favor de los hermanos de la joven lo que encontraron: conteniéndose éstos en dejar morado al príncipe azul de su hermana y resistiéndose a propinar una patada a tanta pelota hinchada, logran idear algo mucho más sórdido: engañarles mediante un pacto por el cual todos los hombres de la ciudad se hagan despellejar la punta del…miembro causante de la afrenta.

Sexo, mentiras y lo que sigue a continuación supera la ficción de muchas cintas de video: tres días después, dos de los vengadores fraternales, espada en mano, toman la ciudad aniquilando a todo varón mientras éstos se retorcían, príncipe incluido, de un dolor confinado en los genitales.

¿Quién dijo que la venganza se servía fría?

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