Hasta Rayar
Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta rayar el alba.

Babel

¿Y quién no ha oído hablar de la historia de Babel?

La que ha inspirado a tantos artistas a lo largo de los siglos. Todavía hoy su nombre continua aflorando en canciones, películas y obras de otros géneros. Y es que Babel sigue evocando la imaginación de muchos, los cuáles aún aspiran a cambiar su historia.

Porque Babel quiere ser un símbolo de mestizaje en nuestro contexto multicultural. Babel pretende representar lo que no pudo ser: convivencia, tolerancia, concordia. Babel es el clímax de lo cosmopolita por excelencia.

¿Y cuál es la historia de Babel?

En tiempos ancestrales, cuando se hablaba en toda la tierra un mismo idioma, hombres y mujeres trabajaron juntos por un proyecto en común: la construcción de una gran torre que les mantuviera unidos. Al parecer, Dios, por algún motivo supuestamente caprichoso, les quiso hacer desistir de tal peregrina idea. ¿Cómo lo hizo? Podría haber destruido la torre, pero no se comportó como un aguafiestas como en el diluvio y fue mucho más sutil: les confundió la lengua para que no se entendiesen. Como resultado, aquellos hombres y mujeres enterraron su supremo propósito de alianza y se esparcieron por pueblos sobre la faz de la tierra.

Esta es la historia simplificada de Babel y es mundialmente conocida. Si por nostalgia, por leyenda o por advertencia, cada uno ha de decidirlo. Porque hemos de tener presente que Babel fue una quimera. Babel fue la expresión de un proyecto truncado. Nuestro agitado mundo supo en Babel que su sueño de unidad se desvanecía. Porque Babel no significa otra cosa sino confusión… hasta el día de hoy.

Notar que la confusión no vino de los hombres, de proyectos dispares, de cosmovisiones opuestas, de ideologías irreconciliables. En esta historia lo más sorprendente es lo más evidente: Dios fue el responsable que los hombres no se entendieran. De forma concisa, Dios trajo confusión.

Hoy en día siguen ocurriendo conflictos, hay desacuerdos y altercados de todo tipo. Todos redundan en la importancia del diálogo, pero resueltos los problemas idiomáticos, si los hay, seguimos constatando que no hay entendimiento.

¿Es cuestión de voluntad humana o de dónde viene la confusión?

Os invito a viajar en el tiempo y en el espacio (seguramente a la actual Irak) y veremos la que se podría declarar: la madre de todas las confusiones.

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