Lamiendo heridas
Si pudiera volver a llorar, arrojar el pesado botín de todo lo que perdí sin batallar. Reconocer la mirada de odio de quien me enfrentaba en el espejo. No había nadie ni razón para sonrisas forzadas. No era hora de antifaces ni de respuestas corrientes.
Si pudiera ignorar el filete y ser como el perro que lamía las migajas caídas de la mesa solo por estar a sus pies.
Pero no estaba ahí. Salí en su búsqueda y no apareció. Sí que lo hizo el sueño, el cual se llevó todo cuanto ansiaba dejándome otro disfraz deslucido, un par de titulares y unas galletas digestivas.
Si pudiera amar desaprensivamente, genuinamente, irracionalmente…