Un encuentro desdichado
Siempre nos llamó la atención esa pequeña iglesia que teníamos a pocos pasos de casa.
Sentíamos interés por esos pocos hermanos que se reunían tan cerca… hasta que una vez fuimos, animados por alguien con visión, a visitarlos.
Tras un largo pasillo nos atendieron un par de personas, de los cuáles uno era el pastor. Al inicio de la conversación, nos parecieron personas afables, pero al poco, la conversación giró, sin propósito por nuestra parte, en torno a la versión de la Biblia. Nos sorprendió que utilizasen, la versión de Reina Valera de 1909. Con ánimo de aportar algo de interés, sugerimos, que quizás, como en ninguna otra época, había habido tanta erudición y confirmación sobre el texto bíblico como en la actual, pero provocó el efecto contrario: quedamos estupefactos con que ardor defendían, como dogma de fe, hasta con su semblante cambiado, tal revisión, diciendo en no se qué versículos se había cambiado la palabra muerte por sangre. Entendí que no podíamos discutir, hacía poco había leído: “La evidencia viene fácil, pero la creencia es otra cosa, porque es materia de conciencia y de voluntad”. Aportamos entonces un aspecto práctico: “No estábamos familiarizados con muchos términos ya en desuso de esa versión”. La réplica no pudo ser más cortante: “No sois ahora todos universitarios, no hay buenos diccionarios… eso no sirve de excusa”. Nos marchamos tristes.
Ellos se veían como el remanente del remanente fiel, nosotros les veíamos, con su iglesia de pasillo retorcido, como una reclusión del mundo exterior.
Ellos habían encontrado su cruzada, pero la señal de la cruz, quizás, se les había pasado por alto en algún punto del camino…
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