Derribado pero no vencido
El sabor amargo de la derrota todavía perduraba… No sabía que era de mi espíritu, mi alma sé bien como estaba: abatida; y mi cuerpo, consecuentemente cansado.
Pero por fin imploré: “Dios, ten misericordia de este ser caído. Con la cabeza gacha pero todavía levantando una mano para implorar tu ayuda.
Sáname, renuévame y te miraré…y contemplaré tu Santidad, y no permitas que deje de mirarte.”
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