Hasta Rayar
Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta rayar el alba.

Gota a gota de una denuncia

Había llegado a perder mi sentido fatalista, solo verlo aparecer, le arrojaba mi perro de presa mejor adiestrado: el sarcasmo. Su mordacidad solo lo dejaba mortecino. Por suerte, aún le quedaban fuerzas de emerger para cuando la noche estuviera calmada, solitaria… y como en un susurro, como en una suave brisa, emitía su denuncia apagada en medio del sueño. Por momentos, podía enmudecer esa leve señal, se lograba con un simple giro de pensamiento, pero la esencia de su denuncia no podría acallarla al más pomposo de los tribunales por la más vehemente absolución.

En momentos de conciencia, esto es, de control y de gobierno, había solicitado ese inmerecido rescate, las fuerzas de intervención especial, en verdad acudían de inmediato, e incluso, restauraban el daño. Pero nunca era capaz de que se quedasen, que se instalasen, que habitasen en mi presencia como se suponía que habían de hacer. En verdad no les culpo, ¡ay de mí si no fuera por ellas!, el desastre se hubiera consumado, en las manos de no sé qué tiranos hubiera quedado, a merced de los caprichos de la vanagloria de un déspota engreído. Ellas en verdad era agentes del orden en mi vida.

Pero el hecho es que me abandonaban, quizás adviertían que las ignoraba. Porque en verdad las ignoraba, desatendiéndolas hasta el punto que ni siquiera advertía que ya se habían marchado.

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