El engaño de la tregua
Y por fin llegó. Convencido que podía acercarse el sosiego de un alma aturdida. Ví como no tenía que lamentarme continuamente, y ya cuando se dejaban de oír aquellos distantes y espaciados disparos, aquel misil irrumpió atrozmente socavando los ánimos, su estruendo me dejó otra vez en la inconciencia, el dolor y la miseria
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