Crisis encubierta
Podía machacarme implacablemente, sabía como describirme en términos patéticos, rodearlo de vocablos que traslucieran mi falsedad y teñirlo todo subrayando la pobreza y debilidad de mi carácter por no hablar de cobardía. Y todo ello sintetizaba verazmente el deplorable estado de mi espíritu.
Pero sabía, y alguna experiencia tenía en eso, que estas acusaciones no me despertaban, en lugar de tomarlas como un reto, las adornaba literariamente y proseguía mi camino. Y mi camino era fácil y lisonjero, y solo cuando me percataba que cada vez estaba más lejos de donde quería ir, me invadía la angustia por un instante, siempre alguna distracción inmediata desplazaba la angustia, así que tan solo me sugería que después de todo no había visto otro camino.
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