Juez de poltrona en cayuco
Tal vez necesitara de un gran estruendo para despertar, un impacto que me asustase y me conmoviera, algo, no sé que, que disipara el encantamiento, aquel que adormece y paraliza, que pone obstáculos a la iniciativa, que acusa y critica con una insistencia que hastía. Éste, solo se aplaca cuando vuelves a la mera contemplación. Solo contento, cuando te tiene como espectador, te pondrá mil pretextos en dejarte inscribir y participar en el torneo. Señala sus requisitos con formalidad, apunta tus defectos con vehemencia.
Así las cosas, perpetuar el interés era una actitud que se me antojaba inalcanzable. Había perdido el rumbo e iba a la deriva, pero lo peor es que quedaba distraído por cada una de las olas y aún disfrutaba de su refrescante balanceo.
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