Reconociendo la sequía
Así que oré al Dios de los cielos y de la tierra, quería que supiera que me sentía ruín y mezquino, que mi cobardía superaba cualquier buena disposición que llegase a trazarme, que era indigno desde cualquier ángulo que me juzgase y peor desde la cruz, era una ofensa grotesca a su santa devoción.
Había disculpado mi errático camino en la confusión reinante, mi falta de determinación en la idea de tolerancia, mi pecado en la justificación… Salvador sí, pero nunca había prestado atención a las implicaciones de llamarle Señor.
Yo no sé como describir aquella lejanía. Ciertamente no podía presumir de una etapa con una vida piadosa en el sentido del término. Pero la inquietud, por no decir la lucha, la confianza y la pretensión de agradarle dejaba esa época como una etapa sombría y carente de vida de aquel lejano resplandor..
Ante todo ello había ido reaccionando de diferentes maneras. Mi idealismo inicial en pos de una proyección que le agradase era sincera y solo sabe Él cuan sentida. Pero se fue carcomiendo al ir reconociendo, por un lado mis limitaciones, por otro, mis lamentaciones. Mi disconformidad me hacía sufrir. Mi filosofía de ir transigiéndome me hizo digerir mejor mi apatía, pero a costa de un depósito espiritual que se encontraba bajo mínimos. Y cuando el depósito se agotó hubo que tirar del cinismo, pero ello lo veía ruin hasta para mí, así que se activaba el instinto de supervivencia de la conciencia, mecanismo por el cual aparcaba toda reflexión profunda, cerrando el paso a cualquier suministro que pudiese llenar el depósito. El río de agua viva no irrigaba mis campos. Como consecuencia daba apocados frutos insulsos que acababan cayendo a tierra. El panorama era tan desolador que la esterilidad de aquellos frutos parecían recomendables.
Aún con todo, le pedí ayuda, imploré su gracia, diciéndole: “¿Cómo puedo entender, -Señor, dime cómo-, aún podría poder acercarme a ti? Aún cuando sé que no me has abandonado y me has guardado por caminos de desobediencia.”
Necesitaba su respuesta, sabía que solo sería completo si vivía por Quien la vida dio.
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