El sustituto, la aberración mayor
Solo podremos saberlo si acudimos a Su Palabra.
1Aconteció después de estas cosas, que Dios probó a Abraham. Le dijo:—Abraham.
Este respondió:—Aquí estoy.
Sí, así de natural responde Abraham, como si hubiera recibido una llamada a través del móvil.
Lo cierto es que para Abraham no era un hecho nada extraño que Dios le hablara. A pesar de una dilatada vida llena de viajes, prosperando aún bajo coyunturas adversas y manteniendo audiencias con reyes e incluso pugnando con algunos, lo que sobresale en la vida de Abraham era la relación estrecha que tenía con su Dios. Dios le había encomendado largos viajes, le había declarado grandes promesas, e incluso le había hecho confidente del destino de ciudades enteras.
Pero no sólo había comunicación en sentido Dios-Abraham, las llamadas eran recíprocas, había una verdadera afinidad.
Cuando Abraham responde ‘Aquí estoy’ conoce intimamente a su interlocutor.
2Y Dios le dijo:
—Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Abraham colgó el teléfono. ¿Qué pasaría por la cabeza de Abraham en esos momentos? ¿conocía realmente a su interlocutor? ¿le había entendido bien? ¿Por qué no le contestó?: “Dios, debe ser un error, te has debido equivocar al marcar”
Abraham no replicó porque no había posibilidad de error en el mensaje.
“Toma ahora a tu hijo, tú único” ¿Le tenía que recordar que era el único?
¿Era aquél por el cuál había pedido fervientemente durante tantos años?
¿Era aquél que nació milagrosamente a causa de la edad de él y la de Sara?
¿Era aquél que Dios le había tantas veces prometido?
¿se refería al hijo de la promesa? Bueno al fin y al cabo Abraham tenía dos hijos, Isaac e Ismael. Pero el mensaje era inequívoco: “A Isaac”. Y para mayor desconsuelo le deja patente: “A quien amas” ¿era apropiado recordárselo? Porque suena casi siniestro. Sí, se trataba del Hijo Amado, en el cual tenía complacencia.
Quizás Abraham había entendido mal el mensaje de lo que tenía que hacer con él: “Ofrécelo en sacrificio donde yo te diré”
¿En sacrificio? Abraham no podía dar crédito. A pesar de lo que ocurría en las naciones de alrededor, Abraham ni los suyos (ni de hecho, nunca hicieron los hebreos) habían practicado sacrificios humanos, era algo del todo obsceno!.
Bueno, ¿por dónde iba a empezar la réplica de Abraham?
Es preciso mencionar aquí algo que Abraham recordaría bien. Hacía unos años, Dios le comunicó a Abraham lo que pensaba hacer con Sodoma y Gomorra: nada menos que destruirlas como sabéis. Y en esa ocasión negoció hasta la saciedad por personas muchas de las cuáles no conocería, aunque también se encontraban ahí su sobrino Lot y su família. ¡Y Se atrevió a porfiar con Dios mismo! Abraham no era un fanático insensible. Si había tenido la osadía de regatearle a Dios en aquella ocasión ¿por qué no lo hacía ahora?
Por un hijo, después de todo, arriesgas hasta la vida. Quizás no se atrevía Abraham…
En otra ocasión hubo una reyerta entre varios reyes, y por circunstancias de la guerra, tomaron a su sobrino Lot. Cuando Abraham se enteró de esto, Abraham que era hombre pacífico pero rico, fue con sus siervos y persiguió a estos reyes y puso su vida y la de sus siervos en juego hasta que no rescató a su sobrino Lot.
Si eso hacía por su sobrino ¿qué no habría hecho por un hijo el cuál había ansiado tener durante toda la vida y al cuál amaba profundamente?
Es posible que Abraham no pudiera replicar porque al escuchar ese demoledor mensaje se quedara sin respiración. Es posible que la opresión en el pecho le dejara sin habla. Es más que posible que el corazón se le desgarrara.
Abraham se enfrentaba a una decisión agónica: ¿si era alguien sensible y a la vez osado contra la injusticia, si era valiente como para jugarse la vida por defender a un sobrino ¿Qué iba a hacer por su propio hijo?
3Abraham se levantó muy de mañana, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus siervos y a Isaac, su hijo. Después cortó leña para el holocausto, se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.
Abraham obedeció por una sencilla razón: conocía profundamente a su Dios.
Sabía que Dios le amaba, que podía confiar en Él, que podía confiar en sus promesas. En realidad lo que iba a hacer iba en contra de esas mismas promesas. En Gn 17:19 leemos una de las muchas promesas de Dios a Abraham“Confirmaré mi pacto con Isaac como pacto perpetuo para sus descendientes después de él.”
En realidad, todas las promesas que había recibido de Dios pasaban por el hijo de la promesa.
Isaac era único. Era irremplazable.
Y Dios no sólo le estaba pidiendo que lo sacrificara, sino que hiciera algo que impidiera cumplirse aquellas promesas, algo que atentara contra su religión.
¿Era Abraham un extremista sin escrúpulos?
No…
Abraham no sabía como Dios resolvería esa incongruencia…
Pero tenía fe en su Dios. He 11:8Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba…
Y Abraham se levantó de buena mañana, cortó la leña y comenzó el viaje junto con sus dos siervos y con su hijo al lado. ¿Cómo debería sentirse Abraham? La prueba de Dios era dura, dos días enteros dan mucho para la reflexión!. ¡Bueno, aún quedaban dos días! ¡Quizás tendría tiempo para convencer a Dios que cambiara de idea!
Sin duda Abraham recordaría otro camino, en el que también iban cuatro, él junto con tres varones, y en cuál se quedó con uno, el ángel de Yahvé al que intentó persuadirle, una vez este le compartió el juicio recaído sobre todos los habitantes de Sodoma y Gomorra.
En esa ocasión Abraham le objetó a Dios:
18:25Lejos de ti el hacerlo así, que hagas morir al justo con el impío y que el justo sea tratado como el impío. ¡Nunca tal hagas! El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?
En aquella ocasión, pese a toda la insistencia de Abraham, no logró que Dios se retractase, pero de aquella experiencia aprendió al menos 2 cosas:
· Que el pecado demanda juicio
· Y que algún justo podía pagar por el injusto.
No sabemos si estaba cabizbajo pensando en esto, pero lo que sí sabemos es:
4Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio de lejos el lugar
…vio de lejos el lugar ¿o era una visión profética?
¿Os habéis preguntado alguna vez cómo sería un determinado lugar antes que la mano del hombre hubiera construido y lo hubiera transformado
Pues Abraham vio el corazón del lugar por el que luego pugnarían naciones y civilizaciones hasta el día de hoy.
Hemos leído en el v.2 q se dirigieron a tierra de Moriah.
Pasaría mucho tiempo -unos 1000 años después de estos acontecimientos- cuando Salomón construyó el templo de Jerusalén en uno de los montes de la tierra de Moriah. Aquel lugar sería el lugar instituido para ofrecer los sacrificios a Dios.
Pasarían otros 1000 años más, y en uno de los montes de la tierra de Moriah, todos conocemos Uno que fue sacrificado. Uno que entró también en esa tierra montado en un asno.
Yo me sigo asombrando la capacidad que tiene la Biblia de armonizar hechos puntuales con el devenir de la historia. Es la calidad del sello divino que le confiere un tipo de evidencia a través de las edades que ningún artificio ni inventiva de hombres puede suplantarlo.
5Entonces dijo Abraham a sus siervos:
—Esperad aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros.
Abraham les dice: ¿volveremos a vosotros? ¿los dos? si Abraham había decidido obedecer ¿cómo les declara que volverán los dos? ¿es que Abraham ha quedado trastocado?
La fe es la certeza de lo que se espera y también en Hebreos se nos dice que Abraham ofrecía a Isaac porque pensaba que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir.(He 11:19).
Y no sólo eso, además les dice que adorarán, es asombroso que un hombre en medio de una prueba atroz, en medio de negros nubarrones, en medio de una dolorosa misión, declara que adorarán a Su Dios.
6Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo; luego tomó en su mano el fuego y el cuchillo y se fueron los dos juntos.
¡Qué imagen más violenta despierta Abraham con el fuego y el cuchillo!
¿No recuerda un poco la imagen de ese Dios severo pronunciando juicio sobre Sodoma?
La misma imagen que proyectaría Isaías mucho tiempo después:
Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos por Jehová serán multiplicados. (isa 66:16)
Sin embargo, ahora solo había la vida de un inocente en juego.
Ese mismo Padre cargó en el Hijo con la madera de su propio sacrificio.
Ese mismo Padre llevó a Su Hijo como un cordero fue llevado al matadero;
7Después dijo Isaac a Abraham, su padre: —Padre mío.
Él respondió: —Aquí estoy, hijo mío.
Isaac le dijo: —Tenemos el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?
“como un cordero fue llevado al matadero…”
Era una pregunta inocente, Isaac tenía total confianza en su padre y no podía imaginar tan insospechada intención.
No sé si a Abraham le cayeron lágrimas, no sé siquiera si pudo mirarle a los ojos, pero al fin 8Abraham respondió: —Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.
Dos milenios después a Quién se le declaró: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! ¿A Quién se le dijo?
A diferencia de Isaac, ¿Quién sabía que era el Cordero que Dios había provisto?
Isaac al menos, enfrentó ese camino permaneciendo ignorante de lo que acontecería.
Pero a diferencia de Isaac, Uno padeció un camino sabiendo todo el propósito, un camino lleno de burla y escarnio, soportando toda humillación y dolor.
¿Y dónde estaba el Padre? ¿Por qué permitía todo aquello sobre Su Hijo?
¿Es qué no le acompañó? ¿Es que giró la cabeza? ¿Se desentendió de Su Hijo?
8BE iban juntos.
9Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, compuso la leña, ató a Isaac, su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.
Isaac debió quedar perplejo. Isaac podía haber intentado escapar, pero no, enmudeció y no abrió su boca. Aunque poco podía entender por qué se le hacía aquello mientras era atado sobre el altar.
Padre: Perdónales porque no saben lo que hacen. Fue la petición de Aquél que sí comprendía porque estaba atado y clavado sobre el altar del madero.
10Extendió luego Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
¡Que tremenda experiencia para Isaac!
Ya no era solo percibir que su vida iba a ser quitada en un momento, sino que era su propio padre, en el cuál confiaba y sabía que le amaba, por el cual estaba ahí.
Tenía a Su padre en frente y no podía reconocerlo.
¿Y qué Hijo se sintió abandonado por Su Padre? Y aún sabiendo que estaba cerca, le llegó a preguntar: ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?
Y aquel Padre no detuvo la mano que portaba la lanza que le atravesó el costado.
Ningún Padre ha sentido jamás tan tremendo dolor por Su Hijo.
Ningún Hijo ha sentido jamás un abandono tan grande por Su Padre.
Y sólo la experiencia de este Padre y de este Hijo nos aproxima a entender a nivel humano, algo que ciertamente no podemos ver, nos ha sido velado.
Pero hay algo en toda esta escena que si nos permite ver. Toda esta escena es como aquella imagen que después de contemplarla se visualiza otra. La escena de la cruz también resulta innecesaria para la mayoría. Para muchos absurda y aún para algunos, les parece una escena pintoresca, ó como diría Isaías algunos lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios.
Solo cuando vemos que el llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, es cuando nos podemos identificar con Cristo:
11Entonces el ángel de Jehová lo llamó desde el cielo: —¡Abraham, Abraham!
Él respondió: —Aquí estoy.
12El ángel le dijo: —No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo.
Isaac revivió justo como cualquiera que acepte a Cristo.
¿Y cómo es posible esto?
13Entonces alzó Abraham sus ojos y vio a sus espaldas un carnero trabado por los cuernos en un zarzal; fue Abraham, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Quisiera acabar con una última reflexión:
Abraham dejó a sus dos siervos a los pies del monte. Él sabía que nunca podrían entender acerca del sacrificio que iba a realizar. Así que mejor esperaran, debían de permanecer al margen, ¡cómo hacérselo entender!
Estos hechos pueden ser vistos por el mundo y desde la lejanía puede ser considerado grotesco, y hemos de admitir que desde la superficialidad es natural que sea vea así.
Pero a ti y a mi se nos ha permitido subir a ese monte y ser testigos de ese sacrificio y comprender que era necesario, pero Dios había preparado un carnero.
Y esos dos siervos despreocupados necesitan saber lo que ocurrió en aquel monte.
14Y llamó Abraham a aquel lugar «Jehová proveerá». Por tanto se dice hoy: «En el monte de Jehová será provisto».
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