Hasta Rayar
Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta rayar el alba.

Jun
21

Me construí un muro con las piedras esparcidas por doquier, estableciendo los límites de mi propio santuario, pero todavía oía voces que osaban entrar en mi tabernáculo. Palabras que resonaron en mis pabellones pero que las paredes de mi mente no dejaron traspasar, y así, me dormí.

Y soñé que era de noche y estaba bajo una fuerte lluvia pero no me daba cuenta de mi precariedad hasta que un viento recio echó abajo mi fortaleza. Calado por el frío hasta los huesos, abandoné aquellas piedras derruidas y caminé sin rumbo, en un creciente caos, tropezándome en mi camino con otros empapados peregrinos de-ambulantes.

Mientras maldecía aquella noche, oí una voz que decía:

-“Abrid los ojos, la mañana ha llegado: la luz ha vencido a la oscuridad y la tempestad ha sido llevada con ella; tened fe, el calor del sol os protegerá del frío”.

¿Abrir los ojos? –pensé- con lo molesto que resulta hacerlo ante un viento y agua enfurecidos. Así que, helado y muerto de cansancio, tan solo deseé encontrar el escondrijo de lo que quedaba de mi particular muro de los lamentos para introducirme entre sus piedras como un gusano.

Todavía desde mi lejanía, escuché aquella voz persistiendo en que abriéramos los ojos. Decidí que ya no podía tolerar más sarcasmo en medio de aquella noche aciaga, y decidí matar mi tiempo enmudeciendo aquella voz.

Al fin, el viento cesó y la lluvia se calmó, fue entonces cuando percibí que me había quedado solo en medio de una noche inusualmente larga. La noche en la que lancé piedras al amanecer. La noche que no abrí los ojos por no retar a la oscuridad, cuando solo se me instaba a despertar.

Si hubo un tiempo de esparcir piedras, debía haberlo para juntarlas, así que me construí un muro con aquellas piedras esparcidas por doquier, estableciendo los límites de mi propio santuario…

Lc 24:1 Jesús salió del Templo y, cuando ya se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del Templo. 2Respondiendo él, les dijo:

—¿Veis todo esto? De cierto os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada

Mt 21:18Los judíos respondieron y le dijeron: —Ya que haces esto, ¿qué señal nos muestras?

19Respondió Jesús y les dijo:—Destruid este templo y en tres días lo levantaré.

20Entonces los judíos dijeron: —En cuarenta y seis años fue edificado este Templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?21Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

1Co3:16¿Acaso no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios está en vosotros? 17Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.

El nombre hebreo utilizado en las Escrituras para Templo es Beit HaMikdash que quiere decir “Casa Santa”. También es utilizado Beit Adonai que significa “Casa de Dios” o simplemente Beiti (Mi casa) o Beitechah (Tu Casa). En hebreo, solo un lugar en la Tierra respondía a la designación de “Casa Santa” y no era otro que el Templo en Jerusalén.

El Templo en Jerusalén fue un lugar de adoración de admirable arquitectura que edificó Salomón hace unos 3000 años. La gloria de aquel primer templo es ya legendaria, pero después que Israel se dividiera entre el reino del norte y del sur, ya había iniciado su declive. La secesión del norte, presa de la idolatría y envidia, cayó precipitadamente conquistada por una hueste visible: el imperio asirio. Pero Judá y el templo lograron resistir bajo una sucesión de insuficientes leales reyes y sobresalientes déspotas sin leyes.

Al fin, en el siglo VI aC, Nabucodonosor II rey de Babilonia, capturó Jerusalén y el templo fue destruido. Tiempos de calamidad para el pueblo judío que sufrieron además la deportación. El imperio babilónico fue sucedido por el imperio medo-persa, pero contra todo pronóstico, 70 años después, el rey Ciro autorizó el retorno del exilio y la reedificación del templo. Sin embargo, el fulgor del regreso fue efímero, pues no tardó mucho en verse ensombrecido por las dificultades y el desánimo, tanto, que la reedificación fue suspendida. El rey Darío ratificaría el edicto de Ciro, y bajo la dirección de Zorobabel, el templo quedó restaurado. Aquel segundo templo nunca llegó a gozar del anterior esplendor y aunque Esdras y Nehemías condujeran a un prometedor albor, el templo trasladó a ambos pueblos a los solsticios tropicales fraternos.

No es de extrañar que los siguientes cielos amanecieran cambiantes. Persas, griegos y egipcios tomaban y perdían Jerusalén según la baza que jugaban. Pero quien perdió hasta la decencia fue el seléucida Antíoco IV Epífanes, al cumplirse con él la desolación del templo cuando erigió un nuevo altar sobre el legítimo para dedicárselo a Zeus, el dios del Olimpo, sacrificando en él animales inmundos. Tal abominación derivó en agitados tiempos de luchas y revueltas, el de los macabeos, hasta que lograron restaurar el reinado en Israel bajo la estirpe de los asmoneos. La alegría de la rededicación del Templo derivó en la Fiesta de las Luces o Hanukkah, pero las disputas e intrigas de la entredicha nobleza dinástica dejó un reinado enclenque y un templo que pasaría con mayor pena que con gloria.

Mientras tanto, el imperio romano asomaba. Oportunidad para saludarlo la aprovechó más tarde Herodes el Grande pues sus astucias le valieron un reino: el de Judea. De la mano de Julio César obtuvo la condición de procurador, y de la mano de Marco Antonio fue proclamado rey. Hábil y neurótico, Herodes acometió muchas empresas, pero sobretodo es conocido (al margen del infanticidio) por reconstruir y expandir el templo, en parte para controlar a los judíos pero sobretodo debido a su megalomanía. Al parecer, a Herodes el Grande, el antiguo templo se le quedaba pequeño, y su trillado y exiguo reino de Judea sufragó uno de los mayores proyectos de la historia antigua.

Ciertamente, en tiempos de Jesús, los judíos se sentían orgullosos de aquellos edificios, hasta que, en el año 70, las curtidas legiones romanas comandadas por el general Tito, asediaron y destruyeron Jerusalén junto con las piedras que sustentaban su orgullo.

Habían pasado 40 años desde que el que fuera ajusticiado en Jerusalén dijera “con el juicio con que juzgáis seréis juzgados” (Mt 7:2a) Pero los judíos -para entonces- de soberbia ya estaban embriagados y de vanidad desmedida era su pan de cada día. Provocaron insensatamente a los romanos mientras luchas de poder internas salpicaban el altar. Los romanos rodearon la ciudad, y los zelotes, una especie de bandoleros presuntamente celosos de Dios, se abatían entre ellos a causa de sus propios recelos. Y solo una vez la arrogancia superó a la ignorancia de lo dicho por Jesús: Pero cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado”.

Tito ofreció tratos de rendición con la ciudad sitiada, pero solo obtuvo un intento de ser capturado bajo un ataque sorpresa, una trampa. Después de otros fracasos y escaramuzas la paciencia se consumó… junto con la ciudad y la destrucción total rebasó el dramatismo absoluto: aquella entrada infernal fue la antitesis de la que había sido la entrada triunfal de Jesús, quien contemplaría la ciudad a través del tiempo, llorando por ella y diciendo: Si también tú conocieras, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos. 43Vendrán días sobre ti cuando tus enemigos te rodearán con cerca, te sitiarán y por todas partes te estrecharán; 44te derribarán a tierra y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”(Lc 19:41-44).

Y ante el ataque romano, multitudes se refugiaron en el Templo, los legionarios pasaron literalmente por encima de los cadáveres sacerdotales y realizaron el último sacrificio conocido: el Templo fue incendiado y el combustible de miles prendieron el gran Holocausto que arrasó el celo más refinado. La profecía de Jesús acerca del Templo se cumplía doblemente, aquella que a la postre se había argüido como principal acusación en su juicio ante Pilato: y es que, por ser profeta había muerto en Jerusalén(Lc 33b), y por ello, prosiguió su camino hasta la ciudad. Pero al parecer, aunque de otra calaña, todos en Jerusalén eran padres de profetas, porque cuando Pilato se lavó las manos delante del pueblo diciendo Inocente soy yo de la sangre de este justo. Allá vosotros.” Respondió todo el pueblo, diciendo: “Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos”(Mt 27:25).

El general Tito nunca llegó a entender tanta obstinación y dejó manifiesto que nunca pretendió devastar el Templo. El historiador Josefo mencionaría que más de un millón de judíos perecieron, y que casi 100.000, fueron llevados cautivos como esclavos. Tito -que más tarde llegaría a ser emperador- a su regreso, renunció a la corona de victoria diciendo “No hay merito en vencer a quienes han sido abandonados por su propio Dios”.

Desde entonces la Casa quedó desierta. Tiempo después el Emperador Adriano bautizó Jerusalén con un nombre ridículo-latino: Aelia Capitolina mientras que Judea fue suprimida para llamarle Palestina. Adriano llenó la ciudad de fríos dioses, y como ironía del destino plantaría a la diosa del amor: Venus, o en su versión griega, Afrodita, en la ciudad que más lo había rehusado. Y en las ruinas del Segundo Templo uno pagano quiso levantarse para dedicárselo a Júpiter, patrón de todo culto romano, regidor de la ley y el orden.

Sin ley ni orden los judíos fueron retornando, pero la paz jamás lo hizo: persas, bizantinos y árabes siguieron sumando puntos a la ciudad más descatalogada. Así, en el S.VII, en el lugar del monte del templo, hoy la explanada de las mezquitas, el califa Abd al-Malik alzó un imponente edificio que todavía intimida: la Cúpula de la Roca. Guardián de la roca pretendida por Mahoma para ascender a los cielos.

Y a tan cotizado premio aún se apuntarían más de media docena de pueblos, hoy olvidados, que desenmascaran aquel pasado expropiado. Pero el acto más inapropiado lo desempeñaron los cruzados de turno al teñir otra vez de sangre la capital defenestrada: ya que no hubo judío ni griego (y hay que añadir sarraceno), esclavo ni libre, hombre ni mujer que no fuera asesinado de forma despiadada, los cuales dibujaban ya la ciudad más variopinta. Cruces, como las del gólgota, aunque cosidas en prendas blancas mancilladas de carmesí, repoblaron Jerusalén y el pretendido Reino de los Cielos era instaurado, aunque reyes, como Balduino, se contagiaban de carnales lepras. Pero fue Saladino, el Sultán, quien acabó por templar a los Templarios y hospitalizar a los Hospitalarios.

¿Qué tenía Jerusalén que hacía saltar reyes desde islas verdes y lejanas como Inglaterra a tierras desoladas como Palestina? Ricardo Corazón de León, casi perdió su preciado reinado, mientras malograba su asalto a la Ciudad Eterna disputada ¿Qué tenía Jerusalén que ya evocaba todo tipo de emociones, aspiraciones y fervores de todo el mundo civilizado?

Podríamos resumir, que en los últimos 1000 años, otros reinos sojuzgaron Jerusalén: mamelucos y otros califatos menos simplones, pero sobretodo los turco-otomanos que gobernaron por muchos años medio-abriendo las puertas reparadas a judíos errantes y tapiando la puerta dorada del todavía esperado Mesías. Muchos sefarditas, judíos expulsados de una España católica ingente y cristiano carente, llegaron en esa época.

Pero no fue hasta el S.XIX que el legado de Ricardo -el ejército británico- más con cabeza que con corazón, pudo domar al león. Se iniciaba la Era Moderna y se abría la caja de Pandora por la que empezaban a retornar paulatinamente judíos por siglos en la diáspora.

Judíos, de todas las partes del mundo, sintiéndose atraídos por una ciudad que ni remotamente conocían, pero por la cual sentían un apego inexplicable, en cuya dirección apuntaban sus oraciones tres veces al día, conmemorando con ayuno la destrucción de los dos Templos y perpetuando en la Pascua y en el Día de la Expiación (o Yom Kippur) un saludo con el que se despedían que rezaba: “el próximo año nos vemos en Jerusalén si Dios quiere”.

El tiempo se acercaba y el sionismo moderno, fundado por Theodor Herzl, producía Aliyah’s: oleadas de inmigraciones desde todos los países bañados con mares de esperanza. Pero una cosa era volver y otra que la tierra fuera devuelta ¿por qué cuándo podrían exclamar Eretz Israel (Tierra de Israel)? ¿dónde estaba escrito que al pueblo dispersado durante siglos ocultos verían habitadas de nuevo sus ciudades, y las ruinas reedificadas? En Ezequiel se leía (Ez 36:34-35 La tierra asolada será labrada, después de haber permanecido asolada ante los ojos de todos los que pasaban. Y dirán: ‘Esta tierra desolada se ha convertido en un huerto de Edén, y estas ciudades arruinadas, desoladas y destruidas, están fortificadas y habitadas’.)

Sin parangón en la historia, en 1947 ocurría el milagro: una parvularia ONU aprobaba la resolución más conflictiva de su agitada vida, la 181, en la que determinaba un plan de partición de la tierra por siglos asediada, declarando Jerusalén como ciudad bajo control internacional. Hay quien asegura, que sin el Holocausto de por medio, nunca hubiera ocurrido, a lo que se podría aducir que no hay profeta en su propia tierra. Al año siguiente, el mandato británico expiraba y el Primer Ministro israelí, David Ben-Gurion, -el primero de verdad- declaraba el anhelado Estado de Israel.

Solo un día después, el pueblo de fatigas sin descanso volvía a jadear pues la Legión Árabe exhalaba disturbios en Jerusalén y su zona mayor tasada quedaba bloqueada bajo control jordano. No sería hasta la guerra de los 6 días, en 1967, que una coalición árabe atacaba a Israel, y cuyo épico contraataque fascinaría al mundo corresponsal. Al sexto día, la quincuagésima quinta brigada paracaidista de la Fuerza Área Israelí ganaba una dura batalla contra un regimiento atrincherado, y botas militares, y no sandalias, pisaban de nuevo lugar “santo”. Jerusalén Oriental fue anexada de facto y el talismán cambiaba de bando.

Otras guerras comenzarían, como la del 73, la del Yom Kippur, que pese a vencer no expiaba a Jerusalén. En 1980, el Knesset (el parlamento israelí) aprobaba la “Ley de Jerusalén” que declaraba la ciudad como “la completa y unida capital de Israel”. Ello provocó tal revuelo en la comunidad internacional que la ONU adoptó la resolución 478, la cual reprendía a esa ley y la proclamaba “nula y sin efecto” instando a todos los estados a retirar sus embajadas de Jerusalén. La mayoría, las ha establecido en Tel Aviv y desde el año 2006 no hay ninguna nación que mantenga su embajada en Jerusalén.

Todavía resuenan las palabras de Ben Gurión diciendo: “El Estado de Israel tiene, y tendrá, solo una capital, la Eterna Jerusalén. Así fue hace 3000 años y así será, como creemos, por la eternidad” Israel ya ha declarado su capital pero el resto del mundo continúa negándosela.

En el discurso del Primer Ministro Yitzhak Rabin, en la conmemoración de los 3000 años de Jerusalén, pronunció estas palabras:

Tres mil años de historia pesan sobre nosotros hoy, aquí, en la ciudad por cuyas calles marcharon las falanges griegas, cuyo pavimento fue hollado por las legiones romanas que construyeron catapultas para abrir sus murallas, cuyos habitantes fueron vencidos por los cruzados, donde la caballería turca galopó por las calles y donde los oficiales británicos miraron con atención desde sus fuertes.

Tres mil años de historia pesan sobre nosotros hoy, en la ciudad en la que las bendiciones de los sacerdotes judíos se mezclan con las de los imanes y las campanas de las iglesias cristianas; donde, en cada callejón y en cada casa de piedra se escucharon las exhortaciones de los profetas; la ciudad cuyas torres vieron el surgir de las naciones y su caída, pero Jerusalén perdura para siempre.

Tres mil años de historia pesan sobre nosotros hoy, como los sueños que cubren los hisopos que crecen en las grietas del Muro Occidental y las tumbas silenciosas del Monte de los Olivos y el Monte Herzl; el susurro de los pasos de los peregrinos y el estruendo de las botas con clavos de los despiadados conquistadores; estas paredes resuenan con las risas de los niños y los rezos de quienes oran; donde el regocijo de la victoria se confundió con las lágrimas de los paracaidistas ante los vestigios del Templo, liberado del yugo extranjero.

Tres mil años de sueños y plegarias envuelven hoy a Jerusalén con amor y unen a los judíos de todas las generaciones —desde las hogueras de la Inquisición hasta los hornos de Auschwitz— y desde todos los rincones de la tierra, de Yemen a Polonia.

Jerusalén unida es el corazón del pueblo judío y la capital del Estado de Israel. La Jerusalén unificada es nuestra. ¡Jerusalén por siempre!

Yitzhak Rabin, oriundo de Jerusalén y el primer mandatario nacido en Israel, justo dos meses después de este discurso, moría víctima por un atentado del radicalismo judío.

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste.

Éste fue un lamento que no se lo llevó el viento. Todavía estas palabras son intuidas como un silbido admonitorio de una sonoridad casi pegadiza. Pero su significado, no se nos pueden escapar en el eco de su lejanía.

o ¿Se tratan estas palabras solo de la constatación del rechazo histórico del pueblo de Dios hacia el Fuerte de Israel?

o ¿pretenden meramente evocar una bella alegoría a la naturaleza tierna y protectora de Dios?

o ¿permiten solamente entrever su sufriente perseverancia a pesar de lo recalcitrantes que llegan a ser sus díscolas criaturas?

o ¿son la antesala de su juicio profético?

Hasta donde puedo recordar estas palabras siempre me atrajeron. Hasta donde me llega el conocimiento, puedo reconocer que cuanto más ahondo en ellas, rebasan las murallas de Jerusalén, traspasan propias corazas, penetrando hasta partir alma y espíritu, coyunturas y tuétanos.

Beit HaMikdash o “Casa Santa” no es la que corrompieron dioses paganos ni la que envileció occidente. No es la que fuera habitada por Zeus ni la que pretendiera Júpiter. Tampoco es la que danzó en sus inmediaciones la sensual Afrodita. Ni siquiera es la casa bañada en oro que aloja hasta el día de hoy la piedra más preciada.

¿Es qué ha sido desalojado Adonai, el Señor del Lugar Santo, del Templo del Dios Viviente? Si queréis una respuesta no miréis a la Ciudad Eterna decretada por hombres y a la que Dios ha puesto fin, sino miraros a cada uno de vosotros. Yo me jactaba de disponer de templo y descubrí.. que me parezco tanto a Jerusalén.

“Jerusalén, Jerusalén” Clamó Jesús, ¿por qué la personificaría? ¿por qué le habló a una ciudad de aquella manera? ¿sólo por melancolía? ¿sólo por tristeza?

que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados!”: No solo son matados los profetas bajo espada y no solo se lapida con piedras. ¡Cuántas puertas hemos tapiado con piedras para que entrara el Rey de Gloria! Como dice una canción de Comisión:

Todos los segundos que te he robado, Todas las palabras que me he callado
Todas las sonrisas que no te he dado, Todos esos besos que te he negado
Todas esas noches que me he marchado, Toda esa gracia que has derramado
Todos los colores que no he usado, Todas las canciones que no he cantado

“¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste.”

Nos asemejamos tanto a Jerusalén: Practicamos luchas sin sentido y hasta nos tiramos piedras en nuestro propio tejado. Somos, como Jerusalén, un pueblo dividido. La ciudad, llamada de Paz, continúa con absurdos altercados. Como cuando el ex-primer ministro israelí Sharon -actualmente en coma profundo- realizó un paseo por la explanada de las mezquitas, iniciándose la segunda intifada, o como también suele conocerse, la guerra de las piedras.

Nos asemejamos tanto a Jerusalén: Nuestro lugar de devoción no debe ser un muro de contención, el muro de la nostalgia, depositario de frustraciones, y construido por quien quiso suplantar al “Rey de los judíos”.

Nos asemejamos tanto a Jerusalén: Habiendo sido derrotados en infinidad de ocasiones y habiendo sido restaurados una vez más por la misericordia de Dios.

¿Nos parecemos a Jerusalén?: 34¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, pero no quisiste! 35Vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el tiempo en que digáis: “Bendito el que viene en nombre del Señor”

Cuando Jesús, en su entrada triunfal a Jerusalén, le aclamaban:

“¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!”, fue reprendido por ello, por lo que respondió:

Os digo que si estos callaran las piedras clamarían.”

No se trata de aguardar la construcción del tercer templo, cuyas piedras, según se rumorea, ya han sido adquiridas.

Nuestro anhelo más profundo no debe ser el monte del templo, el monte Moriah, lugar de un disparatado sacrificio, el del gran patriarca hacia su hijo, y al fin desbaratado. Sino que nuestro anhelo más profundo debe ser acercarnos cada día al monte santo:

(He 12:22-23) Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos. Os habéis acercado a Dios, Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos.

May
10

Llueve con insistencia y todos parecen darse cuenta de lo necesaria que resulta este agua.

Mientras hablaba con alguien pensé que se trataba realmente de agua bendita. Como tenía que ser, tenía que ser agua del cielo, no la que tocamos, contaminamos y pasamos a los que nos suceden.

¿Qué tiene que pasar para que todos nos demos cuenta que hay un agua que si la tomáramos no volveríamos a pasar sed jamás?

Abr
03

“En lo que se refiere a los diablos, la raza humana puede caer en dos errores iguales y de signo opuesto. Uno consiste en no creer en su existencia. El otro, en creer en los diablos y sentir por ellos un interés excesivo y malsano. Los diablos se sienten igualmente halagados por ambos errores..”  C. S. Lewis

Su Bajeza y venerada Infamia:

Le debo informar que, desde que me dejó sin apoyos en la vigilancia y reconocimiento del sujeto en cuestión, no puedo destacar ninguna gran novedad, lo cual es una noticia que sé que le alegra, aunque de ningún modo comparable a un parte de deserción, lo cuál provocaría mi ascenso como me recordó, de lo cual ya quisiera, pues son ya milenios en la última graduación del escalafón, y ya estoy un poco harto de que me llamen “pobre diablo”.

Como me instó a expresarle mis dudas, le manifestaré que no sé muy bien como proceder. La verdad es que me debería alegrar al observar a quien debo oprimir tan impasible, pero me perturba y estoy alerta ante el primer signo de vida auténtica, con permiso de la expresión, que emerge en él.

Está tocado por ambos flancos y lo sabe. No obstante, intento que sienta que se mantiene a flote, pero intuyo peligro. Si Su Bajeza me diera algún consejo para no correr el riesgo –dada la situación, no el mío, pues como ya sabe no puedo ser degradado más- de que el sujeto se reconociera hundido y así el Enemigo lo restaurara, con el potencial peligro que conllevara para nuestros intereses.

He tratado de adormecerle. Es totalmente inofensivo cuando se encuentra anonadado y le he aplicado la dosis justa de frustración (aprendí la lección de no sobrepasarme) para que se entretenga con cualquier cosa y evite que se plantee nada que trascienda a lo que ve y escucha. Si su cabeza se resiste a permanecer inerte, le distraigo con cualquier distracción absurda que atraiga a su mente, y si se empeña en trascendencia, recurro al evento más trascendente del momento ¿cuándo es el próximo partido?

Así que estoy congratulado de saber que estoy haciendo un buen trabajo, pero me repugna leer en Sus instrucciones que no podemos considerarlo de lo nuestros, y más aún, se me antoja obsceno digerir que nunca lo será a menos que él mismo estire del cordón umbilical que le une al Enemigo, bien sea porque crea que no le necesita o porque se piense que no lo merece. Conozco que inducirle en esa dirección es mi funesta tarea, sería tan fácil romper por mi mismo ese vínculo que nos ha sido vetado!

Por el momento he de conformarme en tenerle inutilizado. Vuestra Bajeza me enseñó que es vital, como en cualquier guerra, interceptar todo posible abastecimiento. Para disuadirle de lo que llaman “comunión”, es reconfortante saber que dispongo de mil recursos, reconociendo la labor encomiable de Su Bajeza y otros de Su especie. Así  empiezo por tareas de “responsabilidad” y acabo por la hipnotizante “caja tonta” ó por la insaciable “caja lista” que utiliza para escribir estas líneas…

Pero conozco bien el arma más letal que me enseñó, siquiera para que figure en mi expediente, la cual llego a aplicar magistralmente si me permite decirlo. Y se trata de hacerle creer que está cada vez más lejos del alcance de aquello que llaman, con perdón, gracia. Ya sé que no me está permitido hablar de ello, pero lo encuentro demasiado cómico ¿Cómo si el Enemigo hubiera realizado su cometido por algo digno de valor?. Por supuesto, motivos me sobran para inducirle a ello. Y es entonces, confinado en mi territorio, cuando se vuelve del todo vulnerable. Se ha  convertido en una sombra, una caricatura de aquel guerrero que necesitó tantos refuerzos e incluso Su Bajeza al mando para que fuera combatido. Pero ahora, yo me valgo solo para que parezca un soldado desorientado en medio de esta guerra la cual ya casi ni percibe. No sé entonces porque Su Bajeza dijo que no hacían falta más huestes sobre este sujeto para economizar recursos si no es porque pensara que estoy haciendo un trabajo excelente, así que no puedo entender porque resulta tan complicado esperar que pueda enrolarlo en nuestras filas. Por lo que no era necesario que me hiciera pasar tanta vergüenza entre toda la tropa diciéndome que un burro advertiría antes el filo de una aguja, antes que yo dispusiera de mi merecido ascenso.

Con todo lo dicho no sé si le dejo intranquilo, o puede que ya lo estaba previamente, hasta yo puedo darme cuenta que si me pide informes debe haber alguna razón. Me veo en la obligación de recordarle que hasta la fecha he realizado el trabajo que me encomendó con gran eficacia y no he tenido recompensa alguna. Este no es un trabajo digno! Pero claro, no es suficiente con mantener apagado el fuego, si todavía hay llama. ¿Y qué puedo hacer más para que siga sin darse cuenta que necesita imperiosamente oxígeno para inflamar el fuego? ¿Qué puede hacer el último y más inepto de los demonios?.. Sabe, mejor que yo, que ni siquiera Su Bajeza puede impedir que el Espíritu avive esas llamas. Y por supuesto, conozco el riesgo, de un aliento renovado utilizando todo su pecado a modo de combustible…

Pero recuerde que un locuaz servidor ha sido capaz de mantenerlo ocupado en sus cosas, pero en estado aletargado, diría casi catatónico, en lo espiritual. Y todo ello lo hacía apenas sin esfuerzo, aunque esto no sé si debería decirlo. Y esto me recuerda a algo que tampoco debería haber hecho… Mientras redactaba el presente informe le he dejado solo frente al ordenador ¿se imagina que pasaría si se percatara de la gran necesidad que tiene de lo Alto?. Y peor aún: ¿qué comprendiera que en lo Alto están anhelando escucharle?…

Entonces ni cien como yo podrían evitar que volviera a ser alzado y ocupara su lugar en el ejército enemigo. Y si fuera honesto le pediría refuerzos, pero solo le diré una cosa:

Cuando destine todo un batallón de demonios aguerridos para hacerle frente, se acordará que en un tiempo, yo, un diablo insolente de tercera división, le sometía a mi antojo, y me mofaba jocosamente de él cuando daba bandazos y pretendía agredirme dando puñetazos al aire, como si se tratara de un boxeador loco… hasta que comprendió que las batallas se ganaban de rodillas.

P.D. Solicito, pues, el traslado.

Feb
28

En cualquier aspecto que se me ocurra evaluarla me resulta enormemente deficitaria.

Sean cual sean los términos de la ponderación requerida no obtengo más que la adquisición de una costumbre heredada, un protocolo de ámbito cotidiano. En el sentido más negativo de mi mismo que arrojo deliberadamente podría decir que es una obligación cansina que he de reiterar al iniciar en cada comida que pase de unas ciertas calorías y que además le exige a mi mente un último esfuerzo antes de darle el descanso nocturno. Si pasas esta primera prueba y te atreves a expresarla en público has de saber estar teológicamente correcto con una retórica acorde al contexto y que, por si fuera poco, no ha se sonar repetitiva, para eso están los himnos!

Sé que el cinismo obedece a un fracaso evidente, los contínuos achaques han dejado una huella de exasperación patente: en términos de tiempo dedicado parecí confundirla con una contrareloj, en términos de regularidad y constancia tan solo obtendría el diploma de buenas intenciones, en términos de profundidad e intensidad no he optado por el tan ansiado premio de consolación. Acometer esta carrera como una competición han socavado mis ideales al respecto. Al subir las cimas se ha hecho doblemente duro estar solo, no escuchar los consejos del entrenador, no seguir la estela de Aquél que ya ha dejado el camino expedito.

Pero llevo lo suficiente como para poder mirar atrás, y, aunque me cueste recordarlo, no todo lo recorrido ha sido estéril: cuando he contemplado Su Majestad, cuando me he percatado de Su Santidad, cayendo de mi envanecimiento, he visto que era sostenido por Su misericordia. Es entonces que siendo elevado por Su Poder aprecié mi errático camino…

Yo también conozco a un hombre en Cristo, y aunque hace más de catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; o si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) que fue arrebatado hasta algun lugar menor del tercer cielo…

Quizás Dios no quiera ser muy proclive al teletransporte, no pido tanto… solo puedo decir que me he sentido realmente vivo cuando he orado fervientemente, cuando las lágrimas han surgido y de entrar arrastrándome he experimentado Su gracia inconmensurable, su estímulo incomporable… Pero aún estas ocasiones, se me antojaban escasas, y el recelo de tales experiencias aparecía, el temor ha ser gobernado por sentimientos asomaba. La necesidad del equilibrio era reclamada. ¡Cuánto tengo que aprender!: Psicología de la oración.

Feb
15

Poca idea tengo acerca de la virtud estoica que se requiere en un anciano. Apenas sé de quejas y lamentos ajenos que se ciernen sobre cabezas visibles, depositarias de frustraciones y apatías (las cuáles ya habían sido engendradas) que no mire desde el otro lado. Desconozco sacrificio, abnegación y peso de la responsabilidad que ello conlleva que no sea el que yo mismo deposito, y aunque en mi arrogancia me pueda jactar que sea poco, entiendo que debe desplomar al más aguerrido cuando cada uno piensa que la suya es la más módica carga.

Ene
15

¿De dónde vienen los pensamientos?

Ideas, descubrimientos que día a día topan con nosotros sin buscarlos, pero que si no los coges al vuelo, se escapan sin más.

Te despiertas en medio de la noche y se descubre ante ti con ímpetu, si no tienes un Post-It a mano, sabes que se marchará para siempre.

Cruzando la calle, viene un flash inesperado, si no lo detienes antes que el brillo se extinga, sabes que jamás lo alcanzarás..

Parloteas con alguien de algo trivial, o no, de pronto, sin previo aviso, percibes un susurro en el oído, sabes que si sigues al hilo de la conversación, esa voz se esfumará.

Sueño, prisas, cortesía, mil cosas… es tan fácil ignorar lo que se nos revela…

¿Pensábamos que tan sólo, con la meditación (en el mejor de los casos) encontraríamos respuestas? Desde luego, no se puede aprender todo en el campo de entrenamiento… Con todo, como en la guerra, el enemigo no dejará de emitir mensajes fraudulentos ¿qué haremos? ¿cerraremos nuestros oídos? Ya lo decía el predicador: “quien añade ciencia, añade dolor”.

Es difícil saber de dónde vienen los pensamientos, pero si los dejamos marchar sin retarlos, jamás conoceremos a dónde van.

Ene
07

Who We Are Instead“ (¿Quiénes somos en realidad?). Es el título de un disco que he estado escuchando últimamente del grupo “Jars of Clay” (Vasijas de Barro)

Ante una pregunta tan trascendental como: ¿Quién soy? La psiquiatría delira y la filosofía divaga; por tanto, la corriente de nuestro tiempo invita solo a preguntarse: ¿Qué es lo que quiero?.

¿Es tiempo de creernos aquella cándida alegoría bíblica que dice que somos vasijas de barro…? ¿Sabes? A mí me decepciona un poco pensar que soy como una vasija de barro. El objeto en sí se me antoja un artilugio anticuado, y el material frágil y tosco. Me podría imaginar hasta 1000 ejemplos mejores con los que me quisiera ilustrar.

En cierta manera me he rebelado con esta idea: Así que he tratado de ser un objeto mejor, tapando las asperezas con decoro, supliendo las taras con adornos …y antes de lo que he querido darme cuenta me he ido pareciendo más a otro de tantos floreros industriales mustios… Y ¿por qué barro? Hubiera preferido ser de vidrio, pero a decir verdad, mi naturaleza no tenía la cualidad de la transparencia…

Sin duda, cuando lo pienso, el barro, ese material que se me antoja indigno, es lo que mejor me define. Y llego a descubrir algo que me asombra:¿Por qué Alguien estaría interesado en trabajarlo? ¿Por qué no hizo una macroproducción de ese material desechable tan de moda llamado plástico? ¿Por qué tanto esfuerzo en pulirlo…?

Pero todavía es más desconcertante que en ese objeto que Él iba moldeando quisiera poner algo verdaderamente de valor: EL EVANGELIO.

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros (2Cor 4:7)

Supongo que todos corremos el riesgo de haber querido ser lo que no hemos sido. Y cuando vas madurando, te piensas que poco se puede cambiar, de hecho, todos sabemos que el barro seco no es moldeable. ¿Cuándo fue el momento que dejé de ser moldeado? ¿Cuándo empecé a secarme? ¿Cuándo pasé de vasija a florero?

1Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: 2«Levántate y desciende a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras». 3Descendí a casa del alfarero, y hallé que él estaba trabajando en el torno. 4Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en sus manos, pero él volvió a hacer otra vasija, según le pareció mejor hacerla. (Jer 18:1-4)

Solamente pretendo que nos cuestionemos “quienes somos” (ó mejor se lo cuestionemos a Él) y que no nos conformemos simplemente en determinar lo que queremos o lo que no queremos.

Si eres una vasija, como yo creo que eres, solo lo primero tendrá algo de sentido.

Dic
27

Cuando no me queden fuerzas. Cuando mi mente pierda los últimos efímeros atisbos de brillantez. Cuando mi alma se encuentre en coma etílico por absorber lo que nunca supo digerir. Cuando mis oídos no oigan más y ya no sepan distinguir los gritos de advertencia. Cuando mis ojos hayan sido cegados definitivamente al no querer seguir la Luz en medio del valle sombrío.

Cuando el corazón se contraiga por el frío y como un puño se endurezca por no haber avivado el fuego de las pequeñas enramadas. Cuando mi pesada losa me aplaste irremisiblemente y deba arrastrarme saboreando el polvo que escupió la bestia maldita.

Cuando me haya creído del todo sus mentiras, al fin descansaré en lo que creía el boulevard de los sueños rotos…

Y yaceré medio muerto en esa especie de camino repleto de escaparates hasta que el samaritano se percate de un alma abatida y vende estas heridas en aceite y vino.

Dic
24

Ellos son astutos y hábiles, no es fácil desenmascarar sus mentiras. Sus golpes me habían hecho mucho daño, me obligaron a pactar con ellos y había sido peor.

Me encomiaron a que me separara ligeramente de Ti, no lo bastante para percibir el peligro, pero sí lo suficiente como para no escucharte.

No dejes que me venzan, no me abandones… Solo Tu Espíritu me infundirá aliento, solo Tus palabras desentumecerán mis músculos, solo Tu visión (ni que sea por fe) me mantendrá firme.

Dic
21

¿Libertad? ¿Libertad en Cristo? ¿Pero qué clase de libertad concedió?

No creo que sea de la clase de libertad por la que tengas que ir arrastrándote como un gusano lamentable. Viviendo la vida a merced de la racionalización, en virtud de una perfección ansiada, pero nunca lograda. ¿Es una libertad dónde sólo caben lamentaciones? ¿Es sólo un ideal? ¿Para qué sirve esa libertad ficticia?

Tampoco creo que sea la clase de libertad por la que tengas que ir escodiéndote, para no evidenciar la falta de respuestas, y peor aún, la incogruencia de tu propia vida. ¿Por qué esta libertad es tan difícil de compartir?  ¿Puedo tan sólo dar fe de ella? Ni siquiera es una libertad que valga para mí.

Él dijo algunas cosas un tanto raras. Y una de ellas, qué sería verdaderamente libre. ¿Es otra de sus excentrecidades? ¿Por qué no me siento así? ¿Dónde está el error? ¿Es qué todavía no he encontrado la clase de libertad a la qué Él se refería?

Si me libro de Él dejo de ser libre, si me sujeto a Él hallo la verdadera libertad. Porque sé que en Él se encuentra la Vida, una vida que no es esclava de sí misma, una vida que no es valorada por lo que posees y por lo que te satisface. Una vida sin apegos, dispuestos a renunciar porque las sujeciones son livianas.

Y es en Él, y sólo en Él, que en sus palabras se encuentran la valentía y la firmeza de un Ser libre, y no hay ser más libre que Aquél que quiere extender esa libertad a los oprimidos que le rodean.

Quiero ser otro de esos oprimidos, para pasar de mirar del suelo a sus pies, y de sus pies a  sus ojos… y sentirme libre. Y así tener esa clase de libertad que sólo Él puede dar.

 
Sé que la clave de esa libertad no se encuentra en mí, ni en enfoques, ni en disposiciones, sino sólo en Su Persona.

Déjame conocerte y entender tu libre entrega no querida.